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Había una vez un lápiz que quería ser un mago. Su padre sin embargo le dijo que esto no sería posible porque la magia no existía. Lapizin no le hizo caso y comenzó a investigar en Google search y encontró la escuela de instrumentos de escritura mágica El borrador de oro, que quedaba en Inglaterra. Imprimió un extraño mapa que había en uno de los enlaces y juntando todo sus ahorros, se fue sin decirle nada a nadie.
Tomó un avión y luego de un larguísimo viaje llegó a Inglaterra. Sin saber muy bien como preguntar direcciones, decidió que sería mejor caminar.
Tras un par de días por la carretera, revisó su mapa y se dio cuenta que se hallaba muy cerca del lugar al que se dirigía. Muy emocionado aceleró el paso y pronto se encontró en las puertas de un gran castillo.
Un mago le dijo que era bienvenido al castillo de la escuela el Borrador de Oro. Lapizin asombrado solo pudo decir wow! El mago divertido, lo invitó a pasar no sin antes decirle: Explora! Por supuesto, Lapizin no espero que se lo repitieran y entró feliz.
Mientras recorría el lugar, vio que unos lápices con sus extremos mordisqueados molestaban a Lapizini, la única estudiante de la escuela. Él se disgustó y corrió a ayudarla, pues no soportaba que abusaran de los demás. Poniendo en peligro su propia punta, se enfrentó a lo abusivos y los hizo correr asustados, tanto, que en su huida rayaron las paredes.
Lapizini, todavía un poco asustada, le agradeció y salió corriendo para su clase de dibujo de aventuras mientras que Lapizin se quedaba viéndola algo distraído.
Pasados algunos meses ya eran los mejores amigos y compartían muchas clases juntos. Rayaban cientos de hojas y sus dibujos cada día tenían más y más magia.
En una cena, el director Acuarela anunció que había un gran peligro y los envió a sus respectivas cartucheras. Todos los maestros se dirigieron a la puerta listos para defender su
castillo. El director vio aparecer al malvado Tajalápiz que venía listo a sacarles punta a todos en el lugar.
Lapizin temblaba de miedo ante el estruendo de la batalla que había en el castillo. Pero, juntando valor, se quitó la cobija del rostro y se dio cuenta que estaba en su cuarto, metido en su cama. Todo había sido un sueño. Algo desiluncionado miró a su alrededor y descubrió que sobre su escritorio estaban los tiquetes para Inglaterra. Si iría a la escuela de magia al fin y al cabo.

Autora: Sofía Palomino

Grado 3°